Hace quince años un hombre que se depilaba lo hacía a escondidas, o lo justificaba con el ciclismo o la natación. Hoy la depilación masculina es un servicio normal en cualquier clínica de estética, y las zonas que más se piden dicen mucho sobre cómo ha cambiado la relación de los hombres con su cuerpo.
Espalda y hombros siguen siendo las primeras. Después el pecho y el abdomen, cada vez menos para eliminarlo todo y más para reducir densidad y definir. Y la gran novedad de los últimos años es la zona íntima masculina, que ha pasado de tabú a ser una de las tres más solicitadas, por higiene y comodidad.
Lo que cambió no fue solo la mentalidad sino la tecnología. La cera en una espalda masculina era una tortura y la maquinilla dejaba foliculitis. El diodo refrigerado convirtió una sesión de espalda completa en media hora de calor suave, y eso abrió la puerta a hombres que jamás se habrían planteado depilarse.
En esta guía sobre depilación láser masculina de una clínica malagueña se ve bien el enfoque actual: zonas tratadas por separado con parámetros propios, packs combinados y respuestas a las preguntas que los hombres hacen y no se atreven a hacer, como si se pueden tratar los genitales o cuántas sesiones necesita una espalda.
Una reflexión final: el mejor indicador de que algo se ha normalizado es que deja de tener nombre. Ya casi nadie dice depilación masculina. Dice depilación, y punto.
